Los frutos de la unción plena


Resumen y reacción del capítulo 12 del libro “La venida del Consolador”
de LeRoy Froom.

Aunque el título del libro no lo mencione literalmente, podría llamarse también “El Bautismo del Espíritu Santo”. Sucede que la plenitud de su presencia se logra a través de una relación que comienza con un acto voluntario de entrega. Ser bautizados por el Espíritu Santo no comprende un acto mágico, un hecho puntual y no repetible. Tiene por comienzo en ocasión del bautismo del agua y es el proceso de tener la presencia, la semejanza y el poder de Cristo. La presencia de Cristo se da por la certeza de tener un Dios vivo, reinante y presente en nuestra vida (Ef. 3:16, 17). La semejanza está relacionada con la reproducción del carácter de Cristo en nuestra vida cotidiana. El poder es la virtud dada por el Padre para lograr una experiencia basada en el uso de los dones del Espíritu (Col. 1:29).

¿Cómo se logra? Por medio de la obediencia. Se necesita de humildad para permitir que Cristo viva y transforme nuestro carácter. En más de una ocasión en los cursos de control del Estrés menciono que el cambio se produce primero en la mente (convicción), luego en las decisiones (voluntad) y finalmente en los hechos (hábito). Los sentimientos son parte de la reacción personal al presenciar el cambio; el cristiano profeso no puede por tanto lograr la unción del Espíritu del Señor tan sólo por vivir un momento de éxtasis sentimental.

¿Cuál es el requisito para recibir el bautismo del Espíritu Santo? La entrega total; la plena obediencia. (Hech. 5:32). Dios promete su Espíritu a quienes le obedecen y su porción está limitada sólo por la necesidad de quienes desean recibirlo. El autor en su pregunta “¿Para qué deseamos el Espíritu?” destaca el hecho de que no sólo alcanza con pedirlo sino también que su fin será determinante a la hora de concedernos su poder: si es para vanidad personal, será negado; si es para la gloria de Cristo, será concedido (Hech. 3:12).

Como punto de destaque, en la lectura de este capítulo obtengo el beneficio personal de encontrar el concepto de que el bautismo del Espíritu Santo se manifiesta tanto en el ámbito personal como comunitario en la iglesia. Ámbito personal pues la voluntad de Dios transforma mi carácter y me modela en la semejanza de Cristo. Ámbito comunitario ya que la obra del Espíritu Santo se da en la distribución de dones para el crecimiento y fortalecimiento de su Iglesia. El ejemplo de la vida, transformación y ministerio eclesial de los discípulos nos muestra el equilibrio entre conocerlo, obedecerlo y ser dirigidos por la presencia de Cristo, primero presente entre ellos y luego obrando en su corazones por medio del Espíritu Santo.

¿Tú qué opinas?


El bautismo del Espíritu Santo: Símbolo y Realidad.


Hace unos días hablé del bautismo del Espíritu Santo y para quienes quisieran profundizar el tema les dejo este artículo en PDF del Dr. Daniel Bosqued Ortiz que lleva por título “El bautismo del Espíritu Santo: Símbolo y Realidad”.  Este escrito se publicó en la revista teológica DavarLogos – 6.1 (2007) – de la Universidad Adventista del Plata.

Me gusta mucho el estilo de redacción del Dr. Bosqued y pienso que será de mucha claridad ver los conceptos vertidos por él en este estudio.  Dice la síntesis del artículo: “Este estudio pretende aportar una reflexión sobre la naturaleza del bautismo del Espíritu Santo,no sólo para comprender mejor su significado ante el crecimiento de los movimientos Pentecostales, sino también para profundizar en el conocimiento de la Pneumatología en general”.

Espero que sea de utilidad.

Haz click aquí para descargar El Bautismo del Espíritu Santo: símbolo y realidad..


Todavía no hablo en lenguas…


(tiempo estimado de lectura 2’30”)

¿Alguna vez escuchaste del concepto del Bautismo del Espíritu Santo? ¿En qué consiste? Hay diversas posturas. Están quienes dicen que para ser bautizados por el Espíritu del Señor se necesita una señal, una manifestación providencial (como hablar en lenguas, profetizar, desplomarse, etc). Están quienes como yo, pensamos que más bien es un proceso de cambios. Pero internos, privados, profundos. Es gozar de la plenitud de la presencia de Cristo en nuestras vidas gracias al poder del Espíritu Santo.

¿Qué? ¿No te aceptan por no hablar lenguas extrañas? ¿Crees que te apartarán si no caes redondo al piso? ¿Serás menos cristiano/a por no agitarte y estar en un arrebato de éxtasis colectiva? Calma. El “Silvo Apacible Celestial” no pretende que experimentes eso.

Ser bautizado por el Espíritu Santo no comprende un acto mágico, un hecho puntual, místico y no repetible. Se produce cuando te bautizas por inmersión (¡como lo hizo Jesús!) y es el inicio del proceso que lleva que Jesucristo more en tu vida. La presencia de Cristo se da por la certeza de tener un Dios vivo, reinante y presente en tu vida (Ef. 3:16, 17). Recuerdo que cuando me bauticé no sentí nada mágico, no vi luces, no hablé lenguas angélicas. Sólo tuve paz. A lo largo de mis años pude ver como Jesús cambió mi vida, y eso fue lo más grandioso, lo más increíble.

Entonces, ¿cómo consigues recibir este bautismo? Luego de entregar tu vida al Señor, continúa por medio de la obediencia. Porque es una entrega cotidiana (1Cor. 15:31). Se necesita de humildad para permitir que Cristo viva y transforme tu carácter. Y si hablo de cambio de carácter, también hablo de hábitos perjudiciales, de vocabulario impropio, de mentiras, de rebeldía, de conductas violentas, de búsquedas en el placer pornográfico y demás. El cambio vendrá cuando te entregues a Cristo con toda tu mente (convicción), luego con todos tus deseos (voluntad) y finalmente con todos tus realidades (hábito). Los sentimientos son parte de la reacción personal al presenciar el cambio; el cristiano profeso no puede por tanto lograr la unción del Espíritu del Señor tan sólo por vivir un momento de éxtasis sentimental. ¿Cuál es el requisito para que recibas el bautismo del Espíritu Santo? La entrega total; la plena obediencia. (Hech. 5:32). Dios te promete su Espíritu si lo amas, si luego lo obedeces y si deseas esto de todo corazón.

¿Y cómo se manifiesta el bautismo del Espíritu? En dos áreas. La primera es tu ámbito personal. Cuando Jesús está en tu corazón, tú cambias. Lo que no podías dejar de hacer, ya no lo haces. Lo que nunca pudiste lograr, ahora lo consigues. ¿Por qué? Porque el Espíritu te da Poder, poder para vencer. Y la gente se da cuenta, tu familia lo notará, tus amigos de la escuela o facultad te lo dirán y será imposible no darse cuenta de la gloria de Cristo obrando en tu vida. Calma. Algunos envidiosos te criticarán, pero a la vuelta de la esquina te darán la razón.

No es necesario gritar para que te escuchen. No hace falta derrumbarte para que te vean. Ahora lo verán a Cristo en tu propia vida; verán que el Espíritu Santo mora en tu corazón (Rom. 8:9). La segunda área donde se manifiesta el ungimiento del Espíritu de Dios es en la comunidad. Claro, una vez transformado a la semejanza de Jesús, él te utilizará para transformar este mundo. Sin proponértelo, ayudarás a los demás; serás de ejemplo, podrás beneficiar a quienes amas. Y si acostumbras a ir a la iglesia, ya verás cómo tus habilidades y talentos serán de ayuda a quienes adoran cada sábado a nuestro Padre Celestial.

Ojalá que no tardes en experimentar este bautismo. Ojalá que el Espíritu Santo te dé el poder para vivir una vida plena y feliz.

¿Te gustaría contar tus logros espirituales? ¿Tienes alguna duda? Sólo comenta esta entrada y con gusto te responderé.


Dime cómo lo llamas, y te diré a quién adoras…


(1′ 40” de lectura)

Los nombres pueden hablar mucho sobre nosotros o sobre las personas que se relacionan con nosotros. Tengo muchos amigos, y entre ellos varios que adquieren un “nick” especial* de acuerdo a sus gustos, cualidades o hechos que los marcaron en el pasado. Como característica, todos estos apodos, o demarcan la personalidad que ellos quieren tener frente a los demás o representan alguna característica que los demás ven en ellos.

Dios no está ajeno a esta situación; sus apelativos tienen que ver en cómo se revela hacia nosotros o qué cosas / virtudes destacas de él. Yo creo que Dios está compuesto por tres personas, todas individuales y todas plenamente divinas: El Padre, El Hijo y El Espíritu Santo. De hecho, tú puedes encontrar en la Biblia alusiones a su pluralidad en Génesis 1:26; 3:22; 11:6 y 7 e Isaías 6:8. Un ejemplo del antiguo testamento se lo encuentra en ocasión del bautismo de Jesús, cuando se revelan las tres personas divinas (Lucas 3:21, 22.)

Así, algunos las abrevian con el término “trinidad”; otros contemporáneamente “triunidad”; algunos “deidad” y a otros les da los mismo. Semánticamente no hay mayores diferencias, más bien son términos sinónimos. El uso y la asociación de ellos difieren según la comprensión de la gente. Desde mi punto de vista, “Trinidad” habla mayormente de tres; “triunidad” habla mejor acerca de la relación entre ellos. “Deidad” o “divinidad” enfatiza más bien su condición sobrenatural.

Si bien “trinidad” no aparece en la Biblia, es probablemente a que en tiempos bíblicos no se cuestionaba el concepto de tres personas divinas. De hecho este término se acuña recién en los siglos II y III d.C. cuando fue necesario comenzar a enfatizar las tres personas de la deidad ante los ataques heréticos de quienes postulaban lo contrario. Hoy en día escuchamos muchas teorías que van en contra de la realidad del Dios trino. ¿Cómo lo conoces a Dios? ¿Le hablas al Padre, le pides a Jesucristo y estás con el Espíritu Santo?

Como conclusión, preferiría anteponer la importancia de entenderlo a Dios como un Dios personal, integrado por tres personas distintas a polemizar sobre si es correcto utilizar tal o cual sustantivo propio. Elijo creer que El Padre, El Hijo y El Espíritu Santo son plenamente personas y que ellos son plenamente Dios.

Tú, ¿que opinas?

* “tu vecino amigable”, “yerba”, “sabalero”, “soquete”, “moncho”, “dari”, “gordo”, “memú”, entre otros (hay varios “otros”).



¿Trinidad, triunidad o deidad?


(Tiempo de lectura 30”)

En el vocabulario cotidiano religioso, muchas veces se utilizan términos particulares para hablar de Dios.  Uno de ellos hace referencia a su cualidad de ser un Dios constituido por tres personas diferentes (El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo): TRINIDAD. Siendo que no es un término bíblico, algunos se sienten incómodos al utilizarlo y prefieren llamar al conjunto de las personas divinas como “deidad”, “triunidad”, etc.

Tú, ¿qué término escogerías para hablar de las tres personas que componen al Creador de los cielos y la tierra? En la encuesta del panel derecho del blog puedes escoger diferentes opciones, o incluso colocar una de tu preferencia. Si no tienes una postura en particular, tan sólo en tres minutos, puedes leer esta entrada que te ayudará a tomar una decisión.




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